El Perdón

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julio 15th, 2014

Por: Zainab Salbi

El perdón es un concepto que es mucho más fácil de decir que llevar a cabo. A menudo pienso que se utiliza a la ligera, como si el perdón fuera tan fácil como el amor, la generosidad o la bondad. Al igual que estas otras acciones de la emoción, el perdón es acerca de dar, pero, a diferencia de estas otras, esta forma de entrega sucede a pesar del dolor y esto lo hace aún más difícil.

Una vez tuve un sueño en el que vi una línea diciendo: “Tenemos que perdonar aun cuando no se nos ha pedido el perdón.” Cuando vi las palabras pensé que esto era demasiado pedir para cualquier persona. Perdonar cuando se pide perdón es una cosa, pero cuando no se ha pedido  es otra cosa muy distinta. Esto último implica que quien fue lastimado tiene que hacer todo el trabajo y, una vez más, pensé que era demasiado pedir. Pero no podía olvidar estas palabras y para que yo pudiese practicar tal perdón, necesitaba abordar el concepto desde un lugar de absoluta autenticidad para buscar una verdadera solución al conflicto dentro de mi corazón.

Así que empecé el ejercicio con las veces que yo necesité pedir perdón de otra persona por haberle causado daño. Esto implicaba no sólo el reconocimiento de lo que había hecho, sino también reconocer las razones subyacentes de mis acciones sin poner excusas. Ahora, yo no sé ustedes, pero yo les digo que se necesita tener valor para cavar profundamente dentro de uno mismo y ver nuestra propia sombra. Es mucho más fácil ver los defectos de los demás; es mucho, mucho más difícil ver los defectos propios. Pero, ¿qué es el crecimiento y la verdad, si no podemos hacer este trabajo? Así que seguí adelante.

El siguiente paso implicaba comprender lo que desencadenó mis acciones. La gente rara vez hacen daño intencionalmente. La mayoría de nosotros reaccionamos ante nuestras experiencias pasadas, lo que desencadena acciones de las cuales podemos estar orgullosos y otras de las que no. En mi caso, las veces que he herido a otros derivaron de mi propio miedo de hacer frente a una cierta verdad o llamar a las cosas por su nombre. Querer evitar abordar una verdad incómoda sobre mí u otros, combinado con no querer herir los sentimientos de terceros-una máscara del deseo de ser querida- me llevó a traicionarme en algunas ocasiones y otras veces a traicionar a  seres queridos.

Tras esta toma de conciencia, tuve que enfrentarme con la posibilidad de mantener esa confesión para mi  o armarme de valor y pedir perdón a la persona que lastimé. Esto también es algo muy difícil. Abordar las cuestiones dentro de nuestro corazón es sólo un paso, y admitirlo delante de otra persona es un paso bastante diferente. Es fácil ser el héroe; reconocer que también has sido el villano en un momento de tu vida es más complejo. Expresar esto con sinceridad y  humildad es lo más crucial que se debe hacer.

Aprendí la importancia de pedir perdón de manera sincera, mientras un día observaba  una sesión de la corte Gacaca, en Ruanda. Después del genocidio de 1994, que condujo a la muerte de más de 800.000 personas y la violación de 500.000 mujeres en sólo 100 días, el gobierno de Ruanda reintrodujo un sistema tradicional de justicia para procesar a la mayoría de las personas que participaron en el genocidio. El tribunal Gacaca significa literalmente “tribunal de pasto”, donde todos los miembros de la comunidad se reúnen en torno a los ancianos quienes dirigen esta corte comunal. Allí, la persona que ha cometido un delito tiene que ponerse de pie y admitir delante de todos lo que él o ella ha hecho. Entonces los ancianos deciden la mejor manera de tratar el delito, ya sea el servicio comunitario o una retribución material. La esencia de esta tradición es doble. En primer lugar, la persona que cometió un delito no debe salirse con la suya y simplemente barrer todo debajo de la alfombra. En segundo lugar, es dar oportunidad para que el acusado crezca y muestre su remordimiento, en lugar de limitarse a aislarlo y alienarlo. El sistema penitenciario conlleva a efectos destructivos, más que contribuir de manera positiva en la sociedad.

Lo que yo no sabía antes de tener el privilegio de asistir a uno de estos tribunales comunales de pasto, es la importancia de la honestidad. En ese tribunal en particular al que asistí, un hombre se puso de pie y  describió con detalle la forma en que le robó a ciertos individuos y contribuyó a la muerte de algunas personas. Él no dejaba de repetir los detalles ante las preguntas de los  ancianos. Pero cuando volvieron de su consenso, no le pidieron servir a la madre del hijo que él ayudó a matar, como lo hicieron con el hombre del juicio anterior. Más bien, le dijeron “no sentimos su sinceridad en su testimonio. Usted tiene más trabajo que hacer por sí mismo para estar verdaderamente arrepentido por lo que ha hecho. Vuelva y cuando llegue a esa etapa, regrese y nosotros haremos otro juicio.” “¡Wow!” pensé, mientras observaba todo este proceso. Sólo cuando llegamos a esa etapa de verdadero remordimiento, la otra persona puede llegar a otorgar un perdón real.

Todos estos pasos son muy difíciles de poner en práctica, pero son esenciales para comprender verdaderamente el significado del perdón con integridad. En mi caso, sólo cuando tuve el valor de admitir mi propia maldad, fui capaz de construir la compasión que me ayudó a perdonar a los demás, independientemente de su petición de perdón. Pero debo admitir que perdonar a otros es un proceso igualmente difícil, sobre todo cuando es momento de perdonar a los que más amamos y respetamos.

Lo primero que pensé fue: ¿Cómo puedo perdonar cuando la otra persona no puede ni siquiera reconocer lo que él / ella ha hecho? Hay un sentido de arrogancia que viene con la ignorancia, que sólo hace que el dolor sea más profundo. Yo podría dejar de lado un problema, pero ¿perdonar?, ¿verdaderamente perdonar? Para eso se necesita mucho más trabajo que el simplemente decir de la palabra. Pero necesitaba el perdón para poderme liberar de la historia, ya que, en mi opinión, todo perdón conduce a la libertad.

En un momento me di cuenta que a menudo espero que los demás actúen con el mismo sistema de valores que yo, cuáles quiera que sean. Pero luego me di cuenta que esto es como esperar que todo el mundo sepa el sabor del chocolate, incluso si nunca lo han probado. En otras palabras, estos valores que tenemos para nosotros mismos no están disponibles automáticamente para los que nos rodean, incluso aquellos a los que amamos y respetamos. Esa lógica me ayudó a ver a la otra persona desde la perspectiva de no tener tal o cual valor. Eso ayudó, pero no lo resolvió mágicamente. Me di cuenta que tal vez al igual que mis miedos me llevaron a hacer cosas de las cuales no estoy orgullosa, también los que amo y respeto pudieron haber tenido miedo, el cual les llevó a traicionarse a sí mismos o a sus seres queridos.

Estos procesos, eventualmente conducen a la compasión. Al ver las decisiones de otra persona desde su perspectiva, nos permite ver la misma historia desde diferentes ángulos, incluso si no tenemos las mismas motivaciones. Ese método constantemente calma mi espíritu y me lleva a conceder el perdón sinceramente, independientemente de si la otra persona lo ha pedido o no. Teniendo verdaderamente compasión por las emociones de los demás, incluso si esa emoción es algo en lo que uno no está de acuerdo, ofrece la posibilidad de entender por qué alguien hizo esto y no aquello. Y ahí fue cuando pude finalmente liberarme de la historia.

Ahora, tengo que decir que no hay nada tan conmovedor como cuando te piden perdón después de haber sido agraviado. Aquellos que tienen el valor para pedir perdón muestran una gran humildad y gran coraje. Y eso siempre lleva a tener un profundo respeto,  al menos como yo lo veo. Ahora, he tenido el privilegio-sí, el privilegio- de experimentar todo el proceso del perdón. Estas experiencias me han permitido profundizar en lo bueno, lo malo y lo feo dentro de mí y en los demás. Y es este viaje el que me ha llevado al verdadero amor,tanto para mi, como en mi capacidad de dar amor a los demás. Años después de haber tenido este sueño, sé que es posible perdonar aún cuando no lo han pedido. Ese es el camino del amor verdadero.

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