¿Qué hace mi pareja? Nada. Está en el hogar.

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febrero 4th, 2015

Por Cecilia López Montaño

Cuántas veces se han escuchado estas expresiones por parte de los hombres no sólo en nuestros países de América Latina sino en el mundo entero. En ningún país de este  planeta existe aún un claro reconocimiento de la inmensa contribución económica que las mujeres, todas sin excepción, hacen permanentemente a sus sociedades. Y no se trata solamente del amor, la paciencia y la tolerancia, sino aportes sin los cuales la mitad de la humanidad no tendría mucho de lo que hace su vida valiosa, ni las economías más productivas.

No se trata de negar que la visibilidad de las labores de la mujer ha aumentado en gran parte, porque ha incursionado, no siempre con éxito, en el mercado de trabajo del mundo. Sin embargo, no obstante casi haber igualado y a veces superado en promedio la educación de los hombres, tener más años de vida saludable y vivir más, llegan al mercado laboral y quedan en situaciones inferiores en términos de acceso a altos cargos de dirección, de niveles de remuneración y de trabajo digno. Por el contrario, a todo lo anterior se agrega ese elemento que aparece cada vez más en los medios: la violencia contra las mujeres que llega hasta el feminicidio; el recurrente acoso sexual en los sitios de trabajo, en las calles y en los medios de transporte masivo.

Por dónde deberíamos empezar esta nueva etapa de la vida de las mujeres del mundo, cuando los gobiernos siguen aplicando “paños de agua tibia”, como se dice en Colombia popularmente, frente a esa terrible subestimación del aporte económico de las mujeres. La propuesta parecería simple pero consiste en replantear la forma como funciona la economía, tema que a muchas feministas radicales -a quienes les debemos mucho- no las acaba de convencer. Se trata de sacar del oscurantismo la economía del cuidado, esa que principalmente realizan las mujeres de todo el mundo sin reconocimiento y sin remuneración económica.

Como afirmaba recientemente un economista colombiano, el mundo está descuidado: están descuidados los niños, los ancianos y los discapacitados. Pero además están descuidados los animales y, en general, el medio ambiente. La contradicción nace de que este mundo está lleno de desempleados especialmente jóvenes, más mujeres que hombres, que podrían entrar a la corriente económica si prestaran ese cuidado y se reconocieran esas actividades como las que actualmente se identifican como productivas. Una contradicción vital y además permanente que no ha encontrado solución.

Pues bien, si el cuidado deja de ser una actividad gratuita, ignorada precisamente por que responde a la vieja división sexual del trabajo hoy revaluada totalmente, el mundo sería distinto, se reconocería el aporte económico de las mujeres y además se dinamizarían las economías. Pero lo más importante: se flexibilizarían los roles entre hombres y mujeres que es el principio para que empiece a darse realmente el proceso en el cual las oportunidades de hombres y mujeres se igualan.

Cuando ese cuidado que pueden dar terceras personas -economía del cuidado- como todos los oficios del hogar, cuidado de miembros de la familia, reparación del hogar, etc., lo empiecen a ofrecer el Estado y el mercado, la humanidad habrá entrado en un estado nuevo de desarrollo. ¿Sabían ustedes, por ejemplo, que la mitad de las mujeres en edad de trabajar en América Latina no lo hacen, estando más preparadas que los hombres? Porque sencillamente nadie quiere reconocer que muchas de esas labores la pueden hacer otros, y así se aprovecharía la inmensa inversión que se hace en educar a las niñas y jóvenes. Y lo más significativo, las mujeres lograrían lo único que frenaría la violencia contra ellas: autonomía económica y verdadero acceso a todo tipo de poder.

Un mensaje final: este salto cualitativo y cuantitativo sólo lo darán las mujeres, quienes por consiguiente tienen en sus manos acabar con lo que dicen sus parejas: que ellas no hacen nada, sencillamente pasan todo el día en la casa, pero trabajando más que los hombres.  Así de simple.

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