Reflexiones de fin de año.

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diciembre 22nd, 2014

Por Susana Baca

No sé desde cuando, pero siempre que se acerca el fin de año se nos da por hacer reflexiones de lo que hicimos o dejamos de hacer, de lo que pudimos y no pudimos.

Este año he cumplido los 70 y hago una memoria de mis orígenes, de los albores de mi carrera profesional y de mi canto. He sido feliz en esto de cantar, he logrado que se me abran muchas puertas, he logrado el respeto y el cariño de la gente, me sucede ahora que me detengan en la calle y me abracen y se tomen una foto. Creo haber logrado que la gente humilde y no humilde me quiera. Este cariño recíproco ha abierto aún más mi corazón.

Pero no ha sido tan romántico y sencillo, ha sido un largo proceso de pequeños éxitos y también de largos momentos de soledad. Cantar y ser reconocida me ha demandado entregas y conciliaciones entre tu pasión y tu pensamiento, la honestidad, la perseverancia, la pelea contra el silencio, pero al mismo tiempo una disputa interior contra el desgano, contra aquello que parece que no llega nunca, contra la duda y por supuesto la formación y seguridad en ti misma.

Cimentar una carrera profesional es un esfuerzo que requiere de uno mismo y también de los otros, el desafío más complejo está en la construcción del puente que nos junta y este puente tiene que ver con la forma en la que uno abre los brazos para dar calor y al mismo tiempo abrigarse. Para ser lo creíble del arte en el corazón de todos.

Muchas veces se me han llenado de lágrimas los ojos cantando porque he visto lágrimas en los ojos del público, después, esa magia y sensibilidad me han hecho más fuerte, pero también más de todos. Me he sentido poderosa, me he visto gigante, yo la hija de la cocinera, la negrita buena gente, había logrado construir en los demás y en mí misma una fe. La música que he hecho permitió que no hayan separaciones, ni segregaciones. La música cuando se hace con honestidad tarde o temprano será un valor de todos.

Pero también es cierto que nada de esto hubiera sido posible si no hubiera habido una materia sólida por una parte y sensible por la otra. Mi madre me enseñó a ser sólida, honesta, perseverante, la cultura en cambio me enseñó a ser sensible, a mirar a todos los seres humanos como humanos dignos y a tener confianza. Mi sentido de mujer se vio empoderado cuando tuve el desafío de tomar decisiones por mí misma, luego vino la posibilidad de ser ministra y tomar decisiones de muchos y para todos.

En fin, llegar a las reflexiones de fin de año y a los 70 me reafirman en lo que fui. Todo lo que hice, lo volvería a hacer con la misma pasión y sentimiento.

Susana Baca

Diciembre 2014

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