Todos somos parte del cambio

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julio 1st, 2014

por Juan Diego Calisto

 

El rol de la mujer es trascendental para que nuestro país, y nuestro mundo, prosperen. No es difícil entender por qué. Desde historias cercanas que todos tenemos, hasta estadísticas como las que confirman que las microfinanzas se destinan en su mayoría, a mujeres.

Desde que tengo quince años mi mamá se hizo cargo de mí y de mis dos hermanos. Tenía cuarenta años cuando empezó a trabajar y se puso la familia al hombro. Si no fuera por su perseverancia y esfuerzo nuestro presente no sería el mismo. Seguramente habría sido más fácil dejarse estar, dejarse avasallar por los problemas familiares y económicos, pero los trascendió. Como su historia hay millones de mujeres a lo largo del mundo que sostienen emocional y económicamente su familia.

En Manchay tengo amigas, señoras, con las cuales somos como parte de la misma familia. Muchas de ellas han sufrido el terrorismo, han tenido que irse de sus comunidades para empezar de cero. Me parece sorprendente la fuerza que han tenido para transformar una situación tan dura en una oportunidad para volver a empezar. Pero lo hicieron, y el poder compartir mis días con ellas es una alegría y un privilegio.

Sabemos que vivimos en una sociedad machista, donde en muchas partes del país existe violencia contra la mujer. Donde se habla de igualdad de género, pero solo queda en el discurso. Donde algunos funcionarios hablan de valorar el género femenino, pero cuando tienen la oportunidad se escapan a un burdel y participan en la explotación sexual de menores. Donde muchas veces el enfoque de género es un discurso y no una práctica. Donde las mujeres a veces tienen que aprender a vivir con que su esposo les pegue y les saque la vuelta. No siempre pasa, claro. Pero existen casos, y no son pocos.

En el Perú las estadísticas relacionadas a mujeres son alarmantes: 76% del total de analfabetos son mujeres; el ingreso de las mujeres está 35% por debajo del de los hombres (ENAHO INEI 2012) y el 87% de las víctimas de abuso sexual y doméstica son mujeres (MIMP 2013); el 94% de las víctimas de violencia sexual son mujeres, y de ellas el 77% es menor de 18 años. El 49.2% de la población adolescente en el Perú son mujeres y el 12.5 % de este grupo están embarazadas o ya son madres, según el último reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En Ruwasunchis, la organización que lidero, junto con un grupo maravilloso más de 150 peruanos comprometidos con su país y  su sociedad, trabajamos en comunidades vulnerables por la familia, y también por la mujer. Una comunidad vulnerable es aquella que no cuenta con los suficientes recursos económicos, sociales y emocionales para poder tener una vida con oportunidades de desarrollo personal y profesional. No nos referimos a las comunidades como “pobres”, pues la pobreza es compleja y relativa, y creemos que puede ser monetaria, moral o espiritual. Muchos congresistas han demostrado tener pobreza moral, muchas personas con poco dinero han demostrado tener una riqueza espiritual maravillosa.

Ruwasunchis es un movimiento donde los hombres nos involucramos en el proceso de respeto y crecimiento de las mujeres de nuestra comunidad. Los niños aprenden a respetar a sus compañeras. Los jóvenes saben ahora que la hombría no se demuestra peleándose con el otro, o tratando mal a las mujeres, sino todo lo contrario, con respeto, solidaridad, honestidad y trabajo. Los padres de familia de las comunidades donde trabajamos nos piden psicólogos para estar en armonía con sus esposas e hijos. Las mujeres son tejedoras que se saben artistas y que están sembrando oportunidades y armonía en su familia.

En Ruwasunchis hay decenas de hombres que enseñan arte, cultura, danza y deportes en Manchay, y los niños no solo desarrollan distintas habilidades sino que también aprenden valores a través de su ejemplo. Necesitamos más modelos positivos de hombres, que respeten a las mujeres, que vivan con sensibilidad y que con cariño y creatividad aporten al crecimiento de los niños, jóvenes y adultos de comunidades vulnerables.  Y ni qué decir todas las voluntarias, que con amor y compromiso están dibujándoles alas a niños y niñas que serán futuros emprendedores y líderes.

Si queremos que las cosas mejoren, que la violencia contra la mujer desaparezca, que la trata de niñas sea historia del pasado, que las mujeres no sean víctimas de un machismo desmedido que les corta alas e impide su desarrollo, y que en general vivamos en una sociedad con armonía y unión, tenemos, todos –hombres y mujeres– que poner de nuestra parte, nuestro granito de arena para que la playa que construyamos sea una vida con equidad y respeto hacia la mujer.

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