Un Nobel de la Paz para una acción local

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octubre 13th, 2014

Por Magdaly Santillanez

El día 10 de octubre se anunció que Malala Yousafzai (junto con Kailash Satyarthi) recibirá el Premio Nobel de la Paz de este año, por su activismo en la defensa del derecho a la educación de las niñas en Pakistán. Yousafzai se ha convertido en un ejemplo, desde mi punto de vista, no solo por su papel en el empoderamiento de la mujer. Sino porque representa el rol de los jóvenes en los crecientes cambios sociales. Especialmente, al ser víctima de un atentado Talibán, en el que casi pierde la vida. El mensaje que Malala envía al resto del mundo es que la opresión del régimen no es suficiente para detener la lucha por el respeto de los derechos humanos. También, atrae la atención internacional por su valentía para enfrentarlo y es inspiración para millones de jóvenes que tampoco están conformes con diversas situaciones que suceden en sus localidades.

 

Asimismo, en México las marchas de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional o las protestas por la desaparición de los estudiantes normalistas en Guerrero también son un reclamo sobre la educación  (a la vez que se exige ser tomados en cuenta en la toma de decisiones), justicia, libertad de expresión y en general, respeto a los derechos humanos. En un país dónde solo el 28% de los jóvenes tienen acceso a educación superior y una alta proporción son víctimas de la desigualdad de oportunidades, del desempleo y de los ataques del crimen organizado. Por ejemplo, de acuerdo al INEGI somos un país de jóvenes. Pero también de acuerdo a este el 26% ni estudian ni trabajan. Según la OCDE México ocupa el tercer lugar en este rubro y la tasa de desempleo juvenil (de 15 a 24 años) aumentó. La situación de la juventud a simple vista parece desalentadora. Porque se podría pensar que como no tiene las herramientas necesarias (en educación, empleos dignos o satisfacción de sus necesidades) no es posible que supere los desafíos sociales. Sin embargo, al igual que Malala, tiene valentía para expresarse libremente y exigir a sociedades y gobiernos respuestas a sus reclamos.

 

Yousafzai inició su activismo como bloguera, relatando como era su vida en el Valle de Swat bajo el sistema Talibán. Actualmente, se ha creado un fondo en su nombre para ayudar a niñas a continuar sus estudios y se ha incrementado la atención internacional en el empoderamiento de la mujer a través de la educación.  Por lo tanto, es importante que no se subestime el impacto de las “pequeñas” acciones que cada joven puede realizar localmente. Es cierto que no todos los jóvenes serán famosos como Malala ni obtendrán un Premio Nobel de la Paz. Pero su activismo contribuirá a una mejor sociedad y al empoderamiento de hombres y mujeres que también luchen por causas sociales. De esta forma, no se puede considerar peyorativo el activismo local. Porque aunque no siempre es un impacto suficientemente cuantitativo, el conjunto de sus acciones si puede repercutir a gran escala.

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