Un nuevo balance

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julio 7th, 2014

por Gabriela Enrigue

 

Los más votados son los caminos conocidos. Es decir, tendemos a preferir al “malo por conocido” que al “bueno por conocer”, hasta que la realidad nos da el empujón definitivo, ese que nos hace repensar nuestra forma de actuar. En las últimas décadas, la historia del mundo se ha llenado de empujones, realidades que gritan en busca de ser transformadas. No es una novedad que las mujeres sean parte esencial de esas realidades. El mundo ha sido configurado de manera que ya no cubre las necesidades de la parte más grande de la población mundial, afectando no sólo al género femenino sino a las sociedades de todo el globo.

Cuando hablamos de hombres, hablamos también de mujeres. Cuando hablamos de mujeres, también hablamos de hombres. Las preocupaciones e inquietudes de las mujeres deben ser prioridades para el mundo. Por ello, es necesario generar un nuevo balance que permita aliviar estos problemas a través de la liberación del potencial de las generaciones presentes, especialmente de las mujeres. Uno de los espacios para hacerlo es el empresarial.

En las últimas décadas las mujeres mexicanas han tenido una participación mucho mayor en el mercado laboral, pasando de 17.6% en el año de 1970 a 41.8% en 2011. En otros países estos porcentajes han aumentado también. Los cambios en la dinámica económica y las transformaciones culturales han devenido en una genuina necesidad de las mujeres por subsistir y procurar a su familia, pero también en una voluntad por aportar a su entorno más allá de lo que realizan dentro del hogar. En la confluencia de estos dos aspectos surge un sinfín de oportunidades no únicamente para el género femenino sino para el desarrollo de la economía a través de nuevos modelos empresariales que las incluyan y traigan crecimiento para todos. Negarse al cambio significa permanecer con estructuras que, aun teniendo sus aspectos positivos, perpetúan los mismos errores, vicios y limitaciones.

Una empresa que está abierta a las mujeres y promueve la productividad incluyente no sólo crea un valor social, sino que se beneficia de una fuerza laboral comprometida, creativa y eficiente: la de las mujeres. En México, por ejemplo, existe una relación positiva entre el desempeño financiero de una empresa y las mujeres que ocupan puestos directivos, ya que ellas son capaces de incrementar hasta en 42% las ventas. Además, existe en las mujeres una inquietud por crecer y hacer crecer a la comunidad al buscar emprender. En el país, el 48% de las micro, pequeñas y medianas empresas son lideradas por ellas.

Pensar en grande, empresarialmente hablando, no sólo se traduce en números sino en el impulso al talento femenino (el permitir que un potencial deje de ser un “quizás” y se convierta en un “sí”), en la inclusión de las mujeres y sus habilidades únicas, en la creación de proyectos estratégicos que involucren a las comunidades, en la capacitación constante a quienes pueden ser parte de la cadena de valor…Una compañía capaz de ser un espacio donde se gesten estas acciones será una vanguardista, inteligente, productiva e incluso, indispensable para la sociedad.

La orientación de nuestras ideas debe tomar un rumbo más allá de la feroz competencia y de los vicios enclavados en nuestros actuales modelos de negocio. Aun cuando exista la negativa a dar este paso para permanecer en la aparente estabilidad, es el mundo el que nos demuestra que es necesario repensar nuestro actuar en cuestiones de economía y empresas. Las respuestas a muchas de las inquietudes que nos presentan los tiempos actuales están ahí, observables para quienes realmente desean crecer. Y muchas de esas respuestas tienen nombre de mujer.

 

Fuentes:

Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2011

American Chamber México

Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias (AMMJE)

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