Un presente que alarma y un futuro en nuestras manos

ALARMA

septiembre 22nd, 2014

Por Juan Diego Calisto

La problemática vinculada a la mujer es algo en lo que nos corresponde trabajar a todos los hombres. No es un problema de mujeres, es un problema de familias, de personas. Por más que resulte evidente el derecho de la mujer a vivir libre de agresiones, en los contextos actuales de violencia se hizo necesario que en 1993, en la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la  Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció  oficialmente el derecho de la mujer a vivir libre de  violencia, el cual también se suscribió en la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará), de 1994.

Un estudio hecho por la OPS en el 2013 en 12 países de América  Latina y el Caribe (Bolivia, Colombia, Ecuador, El  Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica,  Nicaragua, Paraguay, Perú y República Dominicana), corroboró que un gran porcentaje de mujeres, alguna vez casadas  o en unión, sufrió alguna vez violencia física o sexual de parte de un compañero  íntimo, entre un 17% en la República Dominicana  (2007) y algo más de la mitad (53%) en Bolivia (2003). En todos los países, la mayor parte de las mujeres  que habían sufrido violencia física en los 12  meses precedentes, también informaron maltrato  emocional, desde un 61,1% en Colombia (2005) hasta  un alarmante 93% en El Salvador (2008). El considerar que es aceptable que un marido golpee a su esposa, variaba  ampliamente según el país, entre un 3% de las  mujeres encuestadas en Jamaica (2008/9) y un 38%  en Ecuador (2004).

En el Perú las estadísticas relacionadas a mujeres son también alarmantes: Son un 76% del total de analfabetos, un 87% de las víctimas de abuso sexual y doméstico (MIMP 2013), 94% de víctimas de violencia sexual (de las cuales un 77% es menor de 18 años). Por otro lado, el 49.2% de la población adolescente en el Perú son mujeres y el 12.5 % de este grupo están embarazadas o ya son madres, según el último reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Finalmente, su salario está 35% debajo del de los hombres (ENAHO INEI 2012).

El maltrato físico o emocional que reciben las mujeres es una constante en nuestras sociedades latinoamericanas, y generan un entorno hostil que cual muchas de ellas no pueden soportar, cuyas consecuencias son lamentables y muchas veces hasta trágicas. El abuso por parte de padres o esposos puede generar problemas emocionales, suicidios, y alterar vidas que podrían haber sido plenas de sueños y alegrías, pero que termina siendo uno con sentimientos constantes de odio, resentimiento y desequilibrios.

Si bien ya resulta trillado el decir que el núcleo de la sociedad es la familia, y la mujer es un pilar de la misma, es algo que por más repetitivo que sea, se tiene que marcar y remarcar. No necesitamos hechos excepcionales para promover el bienestar emocional y psicológico de la mujer, sino que basta con que uno cumpla su rol de padre, de hijo, de hermano, de enamorado, o de lo que le toque vivir, con valores, comprensión y respeto hacia ellas.

Trato de pensar en amigos cercanos que son padres sensibles, que se permiten abrazar a sus hijos y decirles que los quieren, esposos que no se sienten menos hombres por serles fieles a sus esposas. No son pocos, aunque podrían ser más. A veces las inseguridades terminan jugando en contra de muchos y estas mismas se proyectan en actitudes y comportamientos que no hacen más que reforzar una sociedad machista.

Estos buenos ejemplos nos recuerdan que nuestras acciones como hombres se deberían enfocar en vivir respetando a las mujeres, por ejemplo tratándolas con respeto en el trabajo, o en la calle. Y en vivir cuidándolas, pues en nuestro país y nuestro continente no son pocos los casos de abuso sexual, doméstico o de problemas mentales generados por hombres violentos. Los hombres jugamos un papel fundamental para resolver la problemática vinculada a la mujer, y está en nosotros poner nuestro granito de arena para que las cosas cambien pronto.

 

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