Una historia sobre enojo, justicia y amor.

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septiembre 1st, 2014

Por Zainab Salbi

Durante una plática que di hace poco, un hombre de la audiencia me pidió un consejo sobre cómo lidiar con su enojo ante todas las injusticias en su comunidad y en el mundo. Me conmovió el valor de este hombre para hablar de su enojo en público, una emoción que se ve tan negativamente en la sociedad que preferimos suprimir cualquier discusión antes que abordar el tema en público.

Existen muchas definiciones de enojo. Una de ellas del Webster’s English Dictionary, define enojo como: “ excitación por el perjuicio causado a una relación, de un amigo o una parte con la que se está ligado, y en otros grados puede excitarse por la crueldad, la injusticia o la opresión de aquellos con los que uno no tiene relación inmediata, o incluso de la comunidad de la que se es miembro.” Entiendo esta definición como lo que siento cada vez que veo una injusticia frente a mi, ya sea en mi entorno o en el mundo. De hecho, mi enojo hacia las injusticias ha sido una fuerza impulsora en mi vida. Ha ayudado a mantener mi determinación de servir a aquellos que han sido marginados e afectados por la injusticia en algunos de los lugares más difíciles del mundo.

El enojo hacia la injusticia puede ser la chispa que sirva para generar acciones, pero el enojo nunca debe manifestarse en una acción como tal. En otras palabras, creo que cuando vemos una injusticia, debemos hacer algo al respecto, pero esta acción debe ser con amor, bondad, respeto y generosidad del espíritu. De otra manera, si permitimos que el enojo dicte nuestras acciones, acabamos por convertirnos justo en eso con lo que estamos luchando en un principio. Para lograr una transformación real y sana de la injusticia hacia la justicia, necesitamos utilizar la compasión en lugar del enojo, y el entendimiento en lugar de la ignorancia.

Sin embargo, hace poco tuve que cuestionarme todas estas nociones, cuando me enfrenté ante un acto de manipulación y violación en un nivel muy personal. En un momento de dolor, me acerqué a una persona que había vivido lo mismo para tener otra perspectiva y consejo. Para mi sorpresa ella contestó diciendo: “ Los conceptos de lo que está bien y lo que está mal siempre causan sufrimiento por lo que yo no puedo lidiar con esto.” Ella continuó y explicó que sentía que todos al final son “inocencia en búsqueda de paz.” Eso incluye, en su descripción, padres que violan a sus hijos, esposos que engañan a sus esposas, y definitivamente mi propio encuentro con la injusticia.

Bueno, su respuesta me dejó perpleja e incluso desorientada por un momento. No tenía sentido para mí. El mundo en el que vivo tiene los conceptos de lo que está bien y lo que está mal. Los actos de violación simplemente están mal y las víctimas del abuso han afrontado una injusticia. Los actos de robar, mentir, matar, manipular -solo por mencionar algunos- son fundamentalmente malas acciones. El igualar todo lo que está mal y lo que está bien y agruparlo dentro del concepto “inocencia encontrándose con la paz” me pareció cruel. Y esa “crueldad” estaba siendo cubierta con la palabra “amor”, lo que hizo aún más difícil el aceptarlo, ya que representaba la traición hacia el amor mismo.

El amor no es es estúpido y no está ciego ante la injusticia. Amor, como yo lo veo, es claro y confiable. A través del amor podemos entender lo que está mal y hacer algo al respecto. Pero ignorar una injusticia en nombre del amor es un insulto al amor mismo. El ver y reconocer una injusticia es parte del proceso de curación de una víctima, al igual que al agresor. Y hacer esto con compasión es lo que lleva a la verdadera recuperación.

Yo no pensaba que mi enojo pudiera trascender en compasión hacia aquellos que cometieron la injusticia, hasta que conocí a una joven iraquí de 16 años. Ella me dijo cómo apeló al corazón de su violador momentos antes de la violación, mirándolo a los ojos y diciéndole “ Por favor, por favor no me violes. ¿No tienes corazón?” En ese momento, él la miró a los ojos y le dijo: “Mi corazón murió hace mucho tiempo”, y procedió a violarla.

Cuando escuché la historia de esta joven, tenía lágrimas en los ojos y un dolor en mi corazón. Pero el dolor no sólo era por ella, era por su violador también. Verás, su alma está intacta incluso después de haber sido violada. Fue él quien experimentó “la muerte del alma” y eso es lo más triste en la vida. Así que hoy, lloro por él también. Pero eso no significa que piense que él es “inocencia tratando de encontrar paz” y por lo tanto que no debe hacerse nada por haber cometido una violación. ¿Qué paz es esa? Por más compasión que tenga por él, también pienso que necesita enfrentar la justicia, ir a un juicio, y servir como sea necesario para que pueda llegar al arrepentimiento, entendimiento de su acción y espero que la redención. Es posible el usar la bondad para expandir la discusión y lograr sanar, en lugar de negar por completo una mala acción.

Esa mujer que me extendió la mano es una persona muy espiritual y por eso me acerqué a ella. Y, en verdad “amor para todos” y “todo es bueno” son conceptos que escucho continuamente de personas espirituales del occidente. Permítanme aclarar algo: No tener los valores arraigados refleja el no estar en contacto con la realidad de este mundo e irrita de sobremanera a las personas que han sufrido una real injusticia en el mundo. Si le cuento a todas las personas que en mi vida he encontrado personas que han enfrentado historias más horribles de lo que mi pluma puede escribir y lo llamo “inocencia en búsqueda de paz” perdería toda conexión con ellos, con su dolor y con sus historias. ¡Y sin duda perdería todo respeto! La espiritualidad es hermosa pero solo cuando está arraigada a esta tierra y a esta realidad. Cuando no lo está, nos lleva a más desconexión, en lugar de la conexión entre no solo individuos, sino culturas y naciones también. Así que para todos los que están ahí, por favor regresen a esta Tierra. El mundo necesita que se hagan presentes en esta realidad.

De regreso al hombre que tuvo el coraje para hablar sobre su enojo, gracias por ver y escuchar a aquellos que están sufriendo. Y asegúrate que cuando actúes en contra de la injusticia, lo hagas con claridad, justicia y más importante, amor y compasión. Esta es la única manera de hacer la diferencia en el mundo. Y para mi, lo que experimenté fue sin duda un dolor muy grande, pero ese dolor ya no está ahí y me quedo con las lecciones que me ayudaron a crecer y las cicatrices siempre me recordarán que la vida es esencialmente hermosa y el amor es de hecho mucho más grande que todo.

 

 

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